Con motivo de la «Fiesta de las flores» de Las Sileras, y dentro del encuentro de autocaravanas (más de 30) y el mercadillo de artesanías y antigüedades, se ha organizado a primera hora de la mañana del domingo una pequeña excursión a «Las Peñas».

Allí hemos explicado cómo el carril que nos lleva a este enclave pudo ser uno de esos caminos antiguos que se han fosilizado en veredas y cañadas, sustituidas muchas de ellas por carreteras nacionales y autovías.
En este caso el camino pudiera tener su origen ya en época ibérica uniendo el poblado del Cerro de la Cruz (a partir del actual Camino de Los Canos) con el antiguo oppidum (poblado fortificado) de Tucci (actual Martos) pasando por otros yacimientos ibéricos como Las Canteras o la propia Alcaudete . El camino, siguiendo desde el Museo por la carretera antigua a Alcalá La Real y tomando el desvío del carril de Rodahuevos, llegaría hasta Las Sileras y de aquí (cruzando el arroyo Salaíllo) a la Rábita y Alcaudete.
No por casualidad a la vera de este carril tenemos un yacimiento romano en Rodahuevos (otro en Carafuentes) y ya en Las Sileras el de Los Pósteles que, también a la orrilla de un camino (que debe fosilizar otro más antiguo), sube hasta lo alto de la Sierra de Vizcántar para alcanzar la mina de hierro (muy posiblemente explotada ya por iberos y romanos).
Pues bien, «Las Peñas» pudiera haber sido un lugar que, situado junto al camino, acogiera en época ibérica algún espacio de culto aprovechando las propias características naturales del terreno, hecho que ya advirtiera Emilio Ruíz.
Santuarios de esta época los hubo en edificios (más o menos complejos) como el existente en el poblado de Torreparedones (Baena), también posiblemente en edificios aislados en el campo como pudo ser el existente en Montemayor (Cerro del Sastre), o en alguna fase lo que debió caracterizar al Cerro de la Merced (en Cabra). Del mismo modo pudieron existir en relación a los cruces de caminos (tal vez señalizados con pequeños monumentos de pilar-estela como el uso que pudo tener la escultura de una loba encontrada en La Rambla) y en las llamadas cuevas-santuarios (de las cuales se visualiza desde «Las Peñas» la cueva de «Los Mármoles» en la Sierra de Los Judíos de Priego).
En «Las Peñas» (a los pies de las mismas) encontramos algunas cerámicas ibéricas de difícil interpretación (no están asociadas a poblado alguno) en un espacio muy limitado y como si hubieran sido lanzadas desde lo alto de esos tajos a manera de ofrendas.
Una pequeña intervención arqueológica que plantearemos en su día nos permitirá tal vez dilucidar estas cuestiones que, como ocurre con otros yacimientos, pasan casi desapercibidas y nos hablan en definitiva de la vida cotidiana de aquellas gentes, nuestros ancestros.
Lo que no deja de ser curioso es que, una vez más, estos lugares mantienen a lo largo de los siglos el misterio y la magia y no es raro ver cómo se superponen templos o templetes (ermitas o cruces) sacralizando de alguna manera el lugar y manteniendo a través del tiempo esa singularidad. Por ello no es casualidad que «Las Peñas» haya sido un lugar de encuentro de enamorados silereños que han dejado inscripciones sobre las rocas…y que incluso algún vecino haya advertido recientemente la presencia de la Virgen (que no deja de ser un trasunto de aquella Astarté o Tanit venerada por los iberos).
En cualquier caso es un enclave muy cerca de Las Sileras (a 20 minutos andando) que posee unas vistas espectaculares del límite entre las provincias de Córdoba y Jaén (marcada por el arroyo Salaíllo) y que puede integrarse (junto a otras propuestas) en una red de senderos musealizados dentro del propio Ecomuseo del río Caicena.

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