Normalmente la Arqueología es noticia cuando se trata de dar a conocer grandes hallazgos.

Pero la inmensa mayoría de los yacimientos arqueológicos hacen referencia a la vida cotidiana de las gentes de cualquier época, la mayor parte de las veces peor conservados, de superficies pequeñas y alejados con frecuencia del interés investigador (una choza, un basurero, restos de un camino…).

Otra vez por casualidad, con motivo de acondicionar mínimamente el espacio para un pequeño mirador, se ha encontrado junto al Pingorote (roca natural y emblema de Almedinilla) restos de una época muy remota que aún no teníamos documentada en excavación (sí en materiales recogidos de la superficie). Nos referimos al final del  periodo Calcolítico (o Edad del Cobre) y Bronce antiguo, cuando se empezaron a utilizar herramientas de cobre y posteriormente de bronce (aleación de cobre y estaño) junto a las de piedra. Un período de hace 4.000 años caracterizado por la consolidación de poblados estables en torno a la agricultura, la ganadería y los productos alimentarios secundarios (por transformación de la materia prima). Todo ello con enterramientos colectivos que poco a poco van siendo sustituidos por individuales.

De este periodo tenemos cerámicas, utensilios de piedra sílex, molinos de mano… del yacimiento de Los Castillejos-La Hoya, El Castellar y del propio Cerro de la Cruz (también una tumba colectiva expoliada de antiguo en el Arroyo Granada).

Ante el riesgo de pérdida de información (un lugar de paso y abierto) y la pequeña superficie sobre la que se debía intervenir (6 mts 2) se actuó «de oficio» como faculta el art. 4.1 de la Ley 2007 de Patrimonio Histórico de Andalucía (una vez comunicado telefónicamente a la Delegación de Cultura en Córdoba de la Junta).

 Lo que hemos documentado en El Pingorote parece un acondicionamiento artificial de la roca natural (que se recorta artificialmente en un extremo) realizando un gran escalón para salvar la pronunciada pendiente. Para ello se utilizaron piedras y basura que contenía (entre una tierra negra con bastante materia orgánica) numerosos fragmentos cerámicos de al menos 5 cacharros hechos sin torno de alfarero y con cocción reductora (algunas oxidantes y mixtas) correspondientes a cuencos y cazuelas («bordes engrosados», «biselados», «carenas» suaves…) , ello junto algunos restos óseos de animales (vaca, ciervo, cerdo, ovicápridos) y sólo un fragmento de piedra silex.

Tal vez esté en relación, por tanto, con el acondicionamiento para acceder al Pingorote y utilizarlo como la verdadera atalaya natural que es (y/o tal vez en relación a alguna simbología que se le pudo dar entonces).

Si hoy nos sobrecoge ese falo calizo erguido al cielo, al pasar bajo él o al contemplarlo desde arriba (con Almedinilla tan al fondo) , cuánto más podría haber sugerido a esos hombres y mujeres de tan antaño proceder y con tanta naturaleza presente entonces en sus vidas cotidianas y en sus sueños.
A medida que avancemos el estudio iremos contando.. pero ya podemos pensar también en aquellos ancestros que, bajo nuestros pies, nos contemplarán viendo esos atardeceres eternos que ellos y ellas también debieron disfrutar desde aquí.

 

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