Ayer, lunes 12 de abril, estuvieron en el Ecomuseo la Profesora Titular del Área de Prehistoria de la Universidad de Jaén: Oliva Rodríguez, Eva Montes (contratada a cargo de Proyecto de Investigación en el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica) y Paloma Muriel (especialista en antracología, estudio de maderas antiguas) para recoger muestras de huesos de aceituna encontrados en el poblado ibérico del Cerro de la Cruz (Sala de las Ánforas) y restos de las mismas características encontrados en el Horno V de la villa romana de El Ruedo , dentro del estudio que llevan a cabo en el contexto del proyecto de investigación: ARQUEOGEN-OLEA. En este proyecto de investigación se persigue caracterizar a qué variedad de olivo corresponden los huesos de aceituna y cuáles son sus características genéticas.

Eva Montes (especialista en carpología, o estudio de semillas antiguas) ya realizó un trabajo sobre las semillas encontradas en la Sala de las Ánforas del poblado ibérico del Cerro de la Cruz (aún sin publicar, aunque se hará de una manera u otra en el 2021) almacén donde documentamos 44 ánforas ibéricas llenas de grano, que la investigadora identificó en su mayoría como cebada (también pepitas de uvas, yero, guisantes, habas, trigo…y huesos de aceituna).

Las investigadoras  se llevaron también muestras de los huesos de aceituna encontrados en las cámaras de combustión de los hornos cerámicos de la villa romana de El Ruedo, que en forma de orujo (restos de piel y huesos una vez extraído del fruto el aceite y el agua) sirvieron de combustible.

En principio, el olivo domesticado parece que ya se cultiva en época ibérica con cierta presencia, una vez es introducido el mismo por las colonias fenicias y griegas. Con anterioridad se aprovecharía el fruto del olivo salvaje, o acebuche, con restos que han aparecido en contextos neolíticos.

Pero es en época romana cuando su cultivo se expande como nunca antes había sucedido (aunque no como monocultivo, algo que es muy reciente en la historia). El aceite de oliva en época romana se convierte en producto primordial para la alimentación, para las conservas de alimentos, para la iluminación, para la elaboración de ungüentos y medicinas…incluso como combustible y abono (orujo). Y el aceite de oliva de la Bética inundó el imperio, llegando a Roma como producto esencial en el reparto de alimentos básicos a la población desfavorecida, a través de la Annona Frumentaria, creando basureros inmensos de ánforas olearias procedentes de la Bética (una vez el contenido se distribuía) que han quedado hechos montes artificiales como el Monte Testaccio (en lo que fuera la zona portuaria de la antigua Roma).

La importancia del aceite de oliva fue tal que el propio emperador Augusto fue el Prefecto de la Annona Frumentaria, y la importancia del aceite bético hizo que los comerciantes hispanos (negotiatores transmarini) tuvieran un sitio privilegiado en el Coliseo. La subida al imperio de emperadores como Trajano, Adriano, Marco Aurelio también se explica en parte por ello.

Minerva (o Atenea), diosa de la sabiduría, tenía al olivo y al buho como símbolo. El filósofo alemán Hegel en 1920 quiso señalar, con la frase que encabeza la noticia, que sólo se llega a entender un momento histórico una vez que este ha concluido. Deseamos desde aquí, por tanto, que la investigación que emprende Oliva y Eva tenga fortuna y éxito en sus conclusiones finales
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