Algunos agricultores jóvenes van mejorando los suelos del olivar, plantando gramíneas, cereales y leguminosas en las «calles».

Después de las últimas lluvias comprobamos felizmente cómo el río no arrastra tierra, bajando limpio y sin tener huellas de erosión grave, fruto de la cada vez más conciencia en dejar los suelos del olivar sin laborear y propiciando que se vaya generando suelo.

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