Aunque las carpas y barbos, visitantes habituales en el río Caicena, llevan dos años menguados por la sequía (y por la sobreexplotación de acuíferos) otros se han acercado y van y vienen desde la Sierra Sur de Jaén y la de Loja en Granada: las cabras montesas. Por otro lado parecen quedarse por aquí una pareja de ardillas.
 
La vida sigue fluyendo a pesar de todo.
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