En el Apocalipsis se habla de cómo se arrancaron los 4 sellos que cerraban el pergamino que agarraba Dios con la mano derecha, y cómo a raíz de ahí se desataron los 4 caballos (el blanco, el rojo, el negro y el amarillo) con sus respectivos jinetes,que llevaron la conquista, la guerra, el hambre y la peste por doquier.

Cuando lo público se desprecia calificándolo “de nadie” y cuando lo privado no considera lo que es “de todos” esos caballos terminan desbocados amenazando nuestras sierras y valles. Son el caballo blanco de la agricultura industrial que ha conquistado nuestra tierra (que impulsa el monocultivo y la falta de diversidad); El caballo alazán de la destrucción de los acuíferos (con pozos sin orden ni concierto) y la pérdida de suelo fértil (por el exceso de laboreo y la consiguiente erosión); El negro del “pan para hoy y hambre para mañana” de una economía dependiente basada sólo en el olivo; Y el bayo, con sus klòros cenicientos, que propaga la peste con herbicidas, pesticidas y agroquímicos, y la muerte con vertidos industriales por ríos y arroyos.

Es cierto que en las últimas décadas ha crecido la conciencia social y que ya se apresuran los comentarios a criticar estos vertidos. Es cierto que la sensibilidad de las distintas administraciones es mayor (y en ello ha podido contribuir el propio Ecomuseo en el caso de Almedinilla). Es cierto que tanto la Guardia Civil como el SEPRONA hacen bien su trabajo.

Pero no es menos cierto que esa concienciación no termina de organizarse para enfrentarse a estos desaguisados. No es menos cierto que las administraciones no actúan con contundencia y que falta desarrollar reglamentos y decretos como el de vertidos (Decreto 109/2015, de 17 de marzo, por el que se aprueba el Reglamento de Vertidos al Dominio Público Hidráulico y al Dominio Público Marítimo-Terrestre de Andalucía, decreto que desarrolla además la Ley andaluza de Gestión Integrada de la Calidad Ambiental y se adapta a las diferentes legislaciones estatales y europeas que establecen un marco común para la protección global de las aguas continentales, litorales y de transición). No es menos cierto que la Guardia Civil y el SEPRONA, a pesar de su empeño, tienen falta de medios.

Y se supone que es el Estado (con sus distintas administraciones) quien debe velar por ello (y que ello es el motivo de su existencia y justificación).

En el caso de los vertidos de alpechín (o de vaciado y lavado de balsas) además de ilegales (si no tienen autorización) son extemporáneos, porque la tecnología ya está aquí (desde hace tiempo) para evitarlo e incluso para rentabilizarlo. De esta manera el tratamiento de vertidos de almazara que utiliza la electrolísis como método coagulante de la materia contaminante procura el tratamiento en tiempo real de los vertidos producidos, la reutilización del agua procedente del lavado de las aceitunas y el uso para riego del agua procedente del tratamiento de las aguas en el proceso de extracción de las almazaras, con costes totales (electrodos y corriente eléctrica) por metro cúbico de vertido tratado de un euro para vertidos de almazara y de 0,1 euros para vertidos de lavadoras.

Es de desear que los vecinos y vecinas de Almedinilla se apresuren a denunciar estos casos directamente (y no sólo quejarse amargamente) bien de manera individual u organizada (sólo hay que llamar, y queda en el anonimato, a la Guardia Civil o al SEPRONA); Que el Ayuntamiento tome cartas en el asunto de manera más contumaz (jornadas de sensibilización, Bandos, multas…); Que la Junta y la Confederación Hidrográfica hagan su trabajo; Y que el SEPRONA de la Guardia Civil vea incrementada su infraestructura y personal.

Ello, con la ansiada Depuradora de Aguas para el Caicena, es fundamental para Almedinilla y para tener un entorno que podamos considerar como Hogar. Y es fundamental para que el proyecto municipal de Ecomuseo adquiera su verdadera dimensión…y no tengamos que cambiarnos el nombre.

I. Muñiz

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