Volvemos a coger el carril de Majallana que sale a la izquierda justo antes de llegar a Sileras, pasando por el cementerio, con la intención de rodear el cerro de El Castellar (también llamado Castillarejo) que domina como soberano el cauce medio del río Caicena. Unos 13 kilómetros.

Llegando al antiguo cortijo de Las Salinas vemos despuntar a la izquierda nuestro cerro amesetado que contiene un yacimiento calcolítico (en la sala de Los Molinos y el Cereal del Museo Histórico tenemos una colección de “molinos de mano” para triturar el cereal de este yacimiento), una villa romana y trincheras de la Guerra Civil. En esta posición, el 2 de junio de 1937, los compañeros del voluntario falangista alemán, Heinz Arnemann (voluntario en la 9 Bandera de Falange) le dieron muerte (parece que por accidente) después de una disputa a cuenta de los diferentes pareceres políticos en relación al Decreto de Unificación de Franco (del expediente que se abrió tras su muerte incorporamos el croquis de las trincheras de esta posición) y fue enterrado en el cementerio de Almedinilla, donde la lápida cubre un cenotafio (pero esa es otra historia ya contada).

A los pies de El Castellar una fuente seca que tan bien guardaba el pequeño cerro puntiagudo que preside el cortijo, felizmente rehabilitado, de La Viñilla. Pero no vamos por este carril sino que cogemos la bifurcación, a la derecha, que sale del cortijo de Las Salinas y nos lleva al ruinoso cortijo de Majallana Nuevo, resumen de la arquitectura tradicional (con sus típicas chimeneas, horno de pan, cuadras, paso empedrado para acceder a ellas, cantareras, alacenas, enjalbegados blancos y de colores, y en la planta superior el pajar, los salaeros y los atrojes para almacenar cereales), testigo casi mudo de los paisajes que otrora cubrían estas tierras de siembras.

Siguiendo por este carril, al llegar a la cota más alta, advertimos el serpentear del río Caicena dejando al norte la aldea homónima abandonada y la de El Solvito (ya en término de Priego). Ahora El Castellar se nos presenta con toda su corona regia de caliza, dominando el valle.

Más abajo llegamos al cortijo de Majallana Viejo que hasta hace poco tenía ganadería brava. Saltando la alambrada destartalada bajamos zigzagueando hasta el río. Álamos, sauces, mimbres, fresnos, tarajes, olivos alfombrados de flores…y huellas de jabalíes, este entorno sereno es hogar de multitud de animales y su silencio sólo queda roto por una algarabía de aves.

Cruzando el río llegamos a un pozo con noria de hierro y más adelante alcanzamos el carril, paralelo al cauce, que une la aldea de Los Ríos en Almedinilla con la de El Solvito en Priego. A la izquierda el carril nos lleva a la aldea de La Carrasca, dividida en dos por el Caicena, dejando parte de ella en Priego y otra parte en Almedinilla.
Alamedas, huertas, olivos, almendros y más cortijos abandonados que se resisten a desaparecer. En la parte de Priego algunas casas felizmente rehabilitadas, en la parte de Almedinilla el abandono es más solemne…y eso que la aldea en 1950 tenía bar, barbería y fuente.
Cogemos el carril que sale a la izquierda y sube rodeando nuestro cerro hasta alcanzar el desvencijado cortijo de Carboneras (que sirvió como posición de mando de las trincheras de El Castellar) y un poco más adelante las ruinas del cortijo de Los Napoleones (también con su horno de pan). Al fondo vemos el carril de Majallana que cogimos al principio y que nos devuelve a la aldea de Sileras.
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