Una de las joyas de la arquitectura tradicional de Almedinilla es la cortijada de La Viñuela, que se ha conservado milagrosamente gracias a los antiguos vecinos. No obstante, y con toda la buena intención, algunas reformas hechas en las viviendas (o que se puedan proyectar hacer en la ermita) han dañado o pueden dañar sus valores etnológicos. Prueba de ello es el muro de sillares amarillos que rompen la estética del lugar (que siempre se puede enlucir y encalar) y otras reformas de tejados.

La Viñuela está en un enclave singular, al pie de un cerro que alberga restos ibéricos (posiblemente restos de un «recinto fortificado») con vistas espectaculares y al pie de la Ruta Senderista de Gran Recorrido GR7 (cuya señalética necesita reposición).

Destaca en la cortijada los restos de la fuente con alberca y lavaderos, la arquitectura tradicional de las viviendas, la Cruz (que se rehízo pero no con su forma original, de mayor altura, quedando en la base de la cruz dos sillares de la misma que permitirían su reconstrucción) y la coqueta ermita con su «juego de aguas» en el tejado, sus travesaños interiores, campanario y contrafuertes. Además conserva el «patrimonio inmaterial» de su fiesta del 8 de septiembre, dedicada a la Virgen de la Cabeza.

Rafael Requerey (REQUEREY, 1987: Panorámica de Almedinilla. Ed. Ayuntamiento de Almedinilla), en sus páginas 113-117, la ubica a mediados del siglo XVIII, siendo la construcción religiosa más antigua del término municipal (junto a la Ermita de la Cruz de Venta Valero y la Iglesia de Sileras).
Nacho Muñiz

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