Sileras es una aldea blanca de Almedinilla que se conforma como núcleo de población y no como diseminado (al contrario de las otras: Los Ríos, Fuente Grande, La Venta, Brácana, Venta Valero, Las Chozas, Arroyo Granada, Barranco del Lobo, La Carrasca, Cuesta Blanca, Vizcántar). La más antigua de todas las aldeas, incluso más que la propia Almedinilla, hoy sigue viva (aunque menguada de población) y mantiene el atractivo de una arquitectura tradicional relativamente bien conservada y el “ambiente morisco” que seguramente se le dio al nacer. Si vas al Bar Manolo podrás presenciar escenas auténticas ya perdidas en otros sitios, propias del cine de Berlanga, donde ingleses, lugareños de otras aldeas y los propios silereños se mezclan con perros, gatos, yeguas… y hasta cabras.
Piratas, tratantes, cábila…eran los “apodos” que recibían de los “alminilleros” antaño, cuando las trifulcas entre cercanos eran más habituales (aunque no fueran para tanto), un núcleo que posiblemente ya estaba ocupado en los siglos XV, XVI y XVII a diferencia de la actual Almedinilla. Después llegó a tener dos almazaras, cuartel de la Guardia Civil, escuelas y panadería con horno (hoy queda la escuela).
La aldea surgió a los pies de la Sierra de Vizcántar (o de Sileras) por su cara Oeste y en torno a la surgencia de agua que daba sentido a los lavaderos, la alberca asociada a ellos y a los numerosos huertos, cercados con muros de “piedra seca” junto a las viviendas, tierras albarizas o “tosca” sobre las que se añadieron toneladas de tierra fértil. Hoy el agua viene de lejos porque la sobreexplotación de acuíferos secó la fuente.
En lo alto de la sierra un punto geodésico, trincheras republicanas que quedaron después de la Guerra Civil y huellas de una prospección minera que buscaba pirita aurífera (lo encontraron, pero no era rentable su extracción). Y en el campo de fútbol algunos restos romanos y tardorromanos poco contundentes.

Pero la arqueología siempre tiene la última palabra y, por casualidad, tras las obras que el Ayuntamiento realiza para acondicionar el carril que sube a lo alto de la sierra , se acaba de descubrir los orígenes de Sileras claramente, en época romana. Justo encima del actual núcleo (a 100 mts. en línea recta) en el lugar que conserva el topónimo antiguo de Póstele (de postes o paredones de construcción antigua) , que poca gente emplea ya al nombrar este lugar, y junto al barranco de Las Tenazas. Antonio “de la Salva”, José Tomás, “El Panaero” dieron la voz de alarma al ver salir a la superficie restos de cerámicas antiguas tras abrir una estrecha franja que sirve para cimentar un muro delimitador del camino. Si no se hubiera hecho la obra nunca lo hubiéramos sabido, ya que los restos se encuentran poco afectados por la erosión y el arado, a una profundidad de 70 cmts. , y en la superficie no se advierten restos de ningún tipo.
Jaime, el Alcalde, nos llamó ayer y, efectivamente, comprobamos la existencia de tres muros, restos de hormigón romano (opus caementicium) tejas romanas (tegulae e imbrices) y algunos fragmentos de cacharros romanos (platos y fuentes) así como dos bordes de grandes tinajas (dolia). Hablamos pues de un pequeño asentamiento rural del siglo II ó III que pudiera ser una pequeña villa o un conjunto de casas humildes (7 u 8) que se ubicaron junto al barranco (que tuvo agua todo el año hasta hace poco) y de una posible surgencia que hemos localizado junto a los restos, siguiendo las técnicas antiguas del aquilegus o zahorí.

En un futuro próximo se podrían excavar los restos que quedan a la vera del camino e integrarlos en una atractiva ruta senderista circular que partiendo de la aldea pasara por aquí hasta lo alto de la sierra para bajar después, bien sea por Vizcántar o Carafuentes. La propia aldea, los restos romanos, las vistas, las trincheras, los despoblados…pueden ser un atractivo para cualquier caminante.
…Y el logo de esta ruta podría ser la pequeña joya (engarce de bronce con una piedra que formaría parte de un anillo, collar o pulsera) que también encontramos en este lugar de Los Pósteles.


