Archivo de 11 octubre 2026

En  un mundo académico y museológico conservador, donde prima la mirada técnica del arqueólogo, muy volcada al positivismo, al historicismo y a cierta tendencia hacia la museología tradicional,  los bienes culturales se abordan la mayor de las veces desde la perspectiva del coleccionista y sólo para el especialista. Por mucha nueva tecnología que se aplique a los museos y a la investigación histórico-arqueológica, ésta se hace desde la frialdad y no desde el diálogo, en la inmensa mayoría de los casos. En este ambiente se hace necesario un revulsivo a la propia interpretación teórica histórico-arqueológica desde postulados nuevos.

En este sentido, siguiendo la “filosofía del absurdo” de Albert Camus, se podría partir del “absurdo” de intentar explicar racionalmente un mundo irracional, de explicar el devenir humano, y los restos de cultura material que deja, pretendiendo llegar a algo más que meras hipótesis. Al advertir de esta imposibilidad, el “absurdo” irracional se impondría, pero sería en ese mismo “absurdo” donde se encontraría la respuesta: una nueva mirada que dé sentido a esa cultura material y la transcienda a partir de la mirada artística, poética y metafórica a partir de una «metodología poética» que habría que articular.

En Arqueología, el estudio estratigráfico y el contexto es lo importante. En el carácter de la estratificación intervienen sobre todo las circunstancias históricas y culturales en las  que fue creada esa estratificación, así como las naturales o geológicas, y su estudio nos aporta información sobre el orden cronológico relativo en el que fue formada. Cualquier huella dejada por el ser humano puede ser estudiada a partir de los distintos estratos, esas capas, niveles, fases, momentos diferentes que han ido creando, depositando, horadando sucesiva o simultáneamente esos templos, casas, talleres, castillos… esas tumbas, basureros o simples graffitis.

Actividades humanas cualesquiera, por muy recientemente que hayan sucedido, que nos advierten  que en realidad todo tiempo es pasado… y que solo somos pasado y memoria. Un tiempo intacto y latente que siempre es el mismo: pasado-presente-futuro, donde el paso del tiempo ya no produce escalofrío sino una suerte de tiempo compartido, con olvidos y memorias, ausencias y presencias, anhelos y miedos, sueños y vigilias y, en definitiva, amores y desamores.

De alguna manera se trataría de “desacralizar” la pretensión científica (o abrir el debate sobre ello) y señalar que el entendimiento arqueológico descansa (como en cualquier otra ciencia) en ideas, sensaciones y principios resultantes de la confrontación entre el sujeto y el objeto, en cuyos resultados, consciente o inconscientemente, influye poderosamente el cómo se ha aprendido a ver las cosas: en qué escuela se estudió, qué profesora te influyó más, cuál fue el ambiente familiar, qué planteamientos ideológicos se tienen y desde qué teoría se aborda el trabajo científico, de tal manera que dos investigaciones científicas (siendo coherentes y honestas) llegarán a conclusiones diferentes dependiendo de cómo y desde dónde ven el objeto de estudio.

Que la realidad no es una sola, en definitiva, y que hay diferentes maneras de aprehenderla, invitándonos a sacar nuestras propias conclusiones como sujetos observantes de una obra en donde también queda nuestra propia memoria reflejada.

SÍSIFO: https://www.eldiadecordoba.es/provincia/almedinilla-reune-arte-contemporaneo-arqueologia-exposicion_0_2008201587.html?fbclid=IwY2xjawU4S3tleHRuA2FlbQIxMABwZG9mAWJyaWQRMEJjTzZQblRUclFtNlBSZ2dzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeONYbwQQgiNhWyzCvfzqloumxSWLJsY5QbM2BAb0_fiHJEJXQtIE8u53CpII_aem_W9G6kJ06ivoddPPCW00iyQ

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