A la espera de la cubierta de este sector (Sector Este-Ampliación),  que se financia  con la misma subvención recibida de la Diputación de Córdoba y que aumentará la ya existente, y a la espera de la restauración de las estructuras exhumadas ya bajo techumbre (con esa misma subvención) se suspende temporalmente la excavación arqueológica pendientes de una  financiación y apoyos adecuados para continuar con estas labores.

Con la concurrencia de dos arqueólogos del Grupo de Investigación PROMETEO (donde se integra  el Ecomuseo):  Manuel Abelleira y Manuel Ramírez, grupo que dirige el Catedrático de la Universidad de Granada: Andrés M.  Adroher,  junto a  dos trabajadores (no toda la campaña) puestos por el Ayuntamiento (de los tres que en un principio se iban a destinar durante toda la campaña): Antonio Sánchez y Marta Pérez, dos voluntarios  venidos de la Universidad de Granada (con los que en principio no se iba a contar): Gonzalo Martín y Tomás Vinagre (y  el apoyo durante unos días de Sergio Rodríguez) así como  el técnico del Ecomuseo: Emilio Ruíz (que sin embargo, por sus funciones, no se han podido dedicar a la excavación a tiempo completo), el director del Ecomuseo: Ignacio Muñiz (que a la sazón ha dirigido también la intervención arqueológica)   cierra esta campaña (en principio provisionalmente) que, aunque modesta en medios humanos y económicos, ha arrojado una rica información y  va a  ampliar el espacio de visita del yacimiento.

La intervención de este año completa la del año pasado, pero deja algunas  incógnitas aún por resolver en las próximas intervenciones, habida cuenta que nos hemos quedado en las unidades estratigráficas correspondientes al incendio que asoló el poblado ibérico y a las unidades de uso de los espacios (que se conservan intactas bajo las unidades de derrumbe). Por otra parte hay que terminar de documentar una estructura novedosa, realizada con adobes y conservada a más de dos metros de altura, posiblemente correspondiente a un hórreo (o un horno) ibérico.

Es hora de recapitular:

1. El poblado ibérico tiene una extensión de unas 5 hectáreas y está fechado en el siglo II a.C. por la cerámica, las monedas (en concreto un Jano-Bifronte acuñado por Publio Cornelio Blasio, en unidad estratigráfica acorde) y por datación de Carbono 14.  Nos encontramos, por tanto, con un poblado totalmente indígena ya en época romana: lo que denominamos Baja Época Ibérica, de los pocos visitables de Andalucía y con un estado de conservación como pocos que nos habla del proceso de romanización de estas tierras y de los conflictos políticos, sociales y económicos que se derivaron de la presencia y del control de Roma sobre estos pobladores.

Existe otro yacimiento ibérico en Almedinilla, relativamente cercano pero aún sin documentar, posiblemente anterior cronológicamente: Los Castillejos, y otro que pudiera corresponder a la fase post-destrucción del Cerro: La Hoya (con algunas cerámicas de “tradición indígena” recogidas en superficie) pero también sin documentar en profundidad.

2. No sabemos si el poblado del Cerro de la Cruz estaba fortificado (correspondiente a lo que se denomina un Oppidum) porque aún no hemos documentado una muralla sensu stricto, aunque muy probablemente el muro de aterrazamiento más alejado de la zona alta del cerro (la acrópolis): el más al Sur, pudiera haber hecho las veces de parapeto defensivo (con un alzado de adobes, tapia o incluso maderas). Su consistencia y anchura así parece indicarlo.

3. Aunque hay disparidad de pareceres entre los equipos de excavación, lo más probable es que el poblado se construyera y se destruyera en poco tiempo: unos 50 años (documentamos construcciones y enlucidos a medio terminar en al menos dos fases constructivas, pero sin diferencias cronológicas destacables) en el contexto histórico de las Guerras Lusitanas. Es probable que, como represalia por haber apoyado al rebelde lusitano Viriato,  el general romano Serviliano   arrasara el poblado (citado por el historiador Apiano del siglo II en su obra Iberia, basada en su vez en el historiador Polibio, coetáneo a la vida del poblado ), incluso con la intención de borrar de la memoria ese lugar: la Damnatio  Memoriae.

A este respecto existe una unidad estratigráfica que nos señala un incendio generalizado en el poblado (consistente en cenizas y en un nivel aglomerado y blanquecino fruto del calentamiento y posterior enfriamiento de la cal, presente en enlucidos, adobes y tal vez en techumbres, que concrecionó todo lo que había a su alrededor). Del mismo modo hemos documentado restos humanos en este nivel de incendio y otros depositados sobre una de las calles (la calle central) con cortes de espada y huellas de muerte violenta.

4. En relación directa con el poblado estaba la necrópolis de Los Collados, necrópolis de cremación conocida desde finales del siglo XIX (pero que estaba sin localizar) y que hemos ubicado sin error y exhumado en parte (cuando pensábamos que ya estaba agotada) documentando lo que hemos considerado depósitos votivos y varias tumbas.

De los estudios antropológicos realizados en los restos óseos cremados de dos de esas tumbas (la 6 y la 3) inferimos que es muy probable que algunas mujeres (tal vez en un porcentaje elevado) se enterraran con ajuares y/o ofrendas de carácter bélico (puntas de lanzas, falcatas, manetas de escudo, soliferra, espadas y puñales de antenas…) que nos habla cuanto menos de un rol de género muy diferente al que por aquellos entonces tendrían las mujeres romanas (ya fueran como indicadores de elementos de prestigio dentro de las tumbas, ya como panoplias utilizadas temporalmente por las mujeres allí enterradas).

5. Algunos objetos de la necrópolis tienen una cronología que arranca de mediados del siglo IV a. C. Pero han de calibrase las fechas (llevándolas al  margen cronológico más reciente) y en cualquier caso considerarse como perduraciones (objetos más antiguos: tal vez de los bisabuelos, que siguen en uso muchos años después) porque se ha prospectado con intensidad el cerro y los alrededores y no hay poblado/s de fechas anteriores que puedan asociarse a una  necrópolis del siglo IV (Los Castillejos, que pudiera ser un poblado ibérico más antiguo, quedan a no menos de dos horas andando, debido a la dificultad de atravesar el desfiladero que forma el río Caicena entre el Cerro de la Cruz y Los Castillejos-Las LLanás).

6. Sí está relacionado con el Cerro de la Cruz el edificio singular que hemos estudiado parcialmente (antes denominados Recintos Fortificados) de La Viñuela (de la misma cronología y con una fase de destrucción e incendio similar) situado a varios kilómetros del Cerro (pero con visibilidad entre ambos) entre cuyas funciones estaría controlar el territorio y los accesos al poblado (además de ser lugar de producción y reproducción).

7. El poblado fue construido siguiendo un cierto orden urbanístico. El terreno originalmente estaría limpio dejando aflorar la roca madre, calizas que van buzando siguiendo la pendiente natural del cerro, de Norte a Sur.  Sobre las calizas (en algún caso recortándolas) situaron ordenadamente (siguiendo las curvas del nivel del cerro) los grandes muros de aterrazamiento, paralelos entre sí  y creando terrazas que salvaban la pendiente natural del cerro, formando calles o espacios de tránsito (entre dos muros de aterrazamiento) de unos 3mts de anchura, en espacios que van rellenando con capas sucesivas de tierra y basura hasta alcanzar la cota necesaria para acceder desde estas calles a las viviendas. No hay que descartar que algunas calles estuvieran cubiertas total o parcialmente a manera de “tinaos”, especie de soportales. También hay calles  perpendiculares a las creadas por los muros de aterrazamiento para facilitar la accesibilidad.

Las construcciones que se abren por encima y debajo de estos muros de aterrazamiento están construidas con zócalos de piedra y alzados de adobes (conservados en muchos casos a 2 mts. de altura) que también juegan conteniendo la presión de la pendiente del cerro.  Son unidades de hábitat o Viviendas (con mayúscula) por tener con toda probabilidad un uso multifuncional: allí se trabajaba, se almacenaba, se dormía y se comía, seguramente también entre espacios que funcionarían como tiendas abiertas a las calles (el gran número de ánforas y recipientes de todo tipo, excesivo para lo que debería ser un espacio doméstico sensu stricto, siguiendo paralelos etnográficos,  así nos lo hace pensar).

8. Las viviendas o construcciones diferían entre sí en planta y distribución interna. Muchas es muy probable que fueran grandes y de al menos dos plantas, ocupando todo el espacio entre las calles paralelas y aprovechando la pendiente y los segundos pisos para acceder tanto por las calles que quedaban por arriba como por las calles que quedaban por abajo (se han documentado sótanos, primeras y segundas plantas con huellas de poste y escaleras).

En varios casos se repite el esquema de “alpendre” (con acceso directo a la calle y donde se sitúan zonas de molienda y aljibes de bagnerola enlucidos y de hasta 4 mts. de profundidad), almacenes (con ánforas ibéricas en gran número), espacios para telares (donde se documentan muchas “pesas de telar”) y otras estancias. En otros casos parecen existir pequeños patios o espacios relativamente abiertos (tal vez a manera de “tinaos” también) desde donde se accederían a las viviendas. Otros espacios son más pequeños pero parecen generalizarse al menos dos pisos y/o sótanos como lo más característico de las construcciones.

Las cubiertas no tenían tejas y, con mayor o menor inclinación (pero tendentes a la horizontalidad), los tejados estaban construidos con vigas y viguetas de madera, con cañizo sobre ellas  y por encima capas de tierra sucesivas  (posiblemente arcillas impermeabilizantes con cal) a manera de “terraos” (hemos encontrado multitud de huellas de estas vigas y cañizos sobre bloques de arcilla). Se han conservado también enlucidos de barro en las paredes de adobe y sobre ellos diferentes capas de encalados.

9. Todo lo documentado en estos años nos lleva a pensar que el poblado ibérico (o al menos la parte del poblado exhumada) vivía en una cierta prosperidad antes de su destrucción violenta, prosperidad expresada en almacenes llenos y posibles tiendas abiertas a las calles, espacios de trabajo y aljibes para almacenar agua en cada unidad de hábitat. Tal vez una zona del poblado dedicada también a mercado pero que, en cualquier caso, nos habla de excedentes significativos por unidades de hábitat y con un acceso diverso a los recursos. Los estudios carpológicos de semillas y los zooarqueológicos, así como los análisis de polen, nos hablan de una dieta variada con carne de caza (ciervo, jabalí, conejo, cabra hispánica), ovicápridos, bóvidos, guisantes, yero, habas, uvas, aceitunas, cereales (trigos como la escanda y sobre todo cebada).

Una vez destruido el poblado ibero no será hasta muchos siglos después cuando posiblemente hubo una pequeña ocupación (siglo V-VII) que empezamos a documentar y que corresponderían a algunas construcciones dispersas.

Ya del periodo medieval (emiral: siglos VIII-IX) comienza a emerger lo que debió ser una alquería con más densidad ocupacional de la que se pensaba hasta hace no mucho.   En esta última intervención hemos podido documentar hasta tres fases o momentos de época emiral (no sabemos aún si corresponden a cronologías diferentes de amplitud significativa…o tuvieron entre sí muy poca distancia temporal, a manera de reformas).

Lo emiral juega no obstante con lo ibero, de tal manera que unas veces se superpone y cubre  la fase ibera, otras rompen o alteran esa fase, otras se adosan o apoyan en ella, en cualquier caso con el mismo objetivo de salvar la pendiente natural del cerro y de realizar terrazas escalonadas,  en algún caso aprovechando muros iberos que aún estarían visibles en superficie.

10. Por último, tanto la fase ibera como la emiral quedan afectadas en determinadas  zonas por las trincheras que se realizaron durante la Guerra Civil.

11. En estas últimas intervenciones (2024 y 2025) se ha buscado solucionar, como decimos, problemas de erosión del sector Este-Ampliación, así como extender la zona de excavación, dando respuestas arqueológicas a preguntas que quedaron sin responder. El trazado de visita se ha modificado en unos metros, haciendo coincidir ahora la pasarela, en su totalidad,  con la calle central del poblado. También se va a cubrir esta nueva ampliación para conservar adecuadamente las estructuras exhumadas.

Tenemos en principio dos espacios alargados e independientes entre sí  (los llamaremos viviendas o unidades de hábitat, pero en cualquier caso dentro de ese uso multifuncional al que nos referimos, con usos productivos y reproductivos)  abiertos a la calle central del poblado  y de 3 mts. de anchura y 8 mts. de longitud aproximadamente (no obstante falta por documentar el muro de cierre de la unidad de hábitat exhumada este año por su lado Este, que pensamos ha de estar cercano al actual corte de excavación).

En ambas unidades de hábitat, la parte más cercana a la calle central tenía una especie de sótano, que haría las veces de almacén, creando  un habitáculo de  6 mts.2. (de 3mts. X 2mts) que quedaría a unos 2 mts. por debajo del nivel de tránsito de la calle ibérica. No sabemos aún si el resto de la unidad de hábitat, en ambos casos, tendría ese sótano en época ibera (queda por documentar) o estaría relleno para salvar la pendiente (como aparece en época emiral). En cualquier caso los rellenos iberos están documentados en zonas contiguas.

El nivel de uso del sótano-bodega documentado el año pasado (bajo la unidad estratigráfica correspondiente al nivel de incendio) arrojó in situ 8 ánforas ibéricas, una pintada y otros objetos (que nos habla de la gran densidad de contenedores cerámicos en este pequeño espacio y por ende de su probable uso como almacén) apoyadas directamente sobre la Roca Madre caliza (que en algún caso se recorta) y/o calzadas con tierra apelmazada.

En la unidad de hábitat que hemos exhumado este año, el sótano-bodega (que tenía tapiada la puerta original)  tenía superpuesto el derrumbe del piso superior (al que se tendría acceso directamente desde la calle) en gran parte afectado por el incendio (ese nivel blanquecino y compacto que, por efecto del calentamiento y enfriamiento de la cal existente en adobes, enlucido y posiblemente techumbres, ha concrecionado todo a su alrededor).

 

 

 

 

 

 

En este nivel de derrumbe hemos recogido multitud de objetos, sobre todo cerámicos, que en muchos casos están completos y que nos hablan del posible uso de ese piso superior (ya no son piezas de almacenamiento sino platos, botellas, lucernas, toneletes, pesas de telar, fusayolas…). Esto mismo documentamos el año pasado en la unidad de hábitat  contigua.

El resto del espacio de esta unidad de hábitat (como  la del año pasado) está muy afectado por la fase emiral  (que se presenta en esta ocasión al menos en tres momentos: relleno, silos horadando el nivel de derrumbe ibero, suelos y pavimentos) y que juega con los niveles iberos, en unos casos  superponiéndose y cubriéndolos, en otros rompiéndolos, en otros apoyándose o adosándose en ellos, aprovechando en algún caso los muros e incluso los espacios creados en época ibérica (muros que en gran parte estarían visibles en el periodo emiral).

Sin embargo el muro que sirve de medianero entre las dos unidades de hábitat  ibéricas  quedó muy afectado por la fase emiral, prácticamente desaparecido (a falta de poder documentar los restos del zócalo).

Por debajo de esta unidad de hábitat (hacia el Sur) seguimos documentando rellenos emirales para salvar la pendiente así como una estructura ibérica que ha quedado sin exhumar (y pendiente de documentar en  próximas intervenciones) que se presenta muy bien conservada y que consiste en muros de adobe (de más de 2 mts. de altura)  que por ahora parecen marcar tres espacios pequeños (de 1mts de anchura cada uno) que nos lleva a pensar en un posible hórreo o un horno (aunque de ser esto último no aparecen niveles correspondientes a su uso: cámara de combustión, ni cerámicas con señales de fallos de cocción). 

Por debajo de esta estructura de adobes comenzamos a documentar una nueva estancia (nos hemos quedado en el comienzo de la unidad estratigráfica correspondiente al  derrumbe ibérico) delimitada por el Sur por el muro de aterrazamiento .

Entre este muro de aterrazamiento y el siguiente, hacia el Sur,  documentamos la calle inferior (que coincide también con la pasarela de visitantes) que viene documentándose desde el Oeste y que crea un espacio de 3mts. de anchura para transitar, con diferentes capas de tierra y basura apelmazadas y superpuestas con el objeto de horizontalizar la superficie y llevar la cota hasta la altura que facilitara el acceso a las viviendas directamente desde las calles.

Como curiosidad, en el nivel de uso de la calle ibérica documentamos un amontonamiento de cal, seguramente huellas de los trabajos de construcción que se estarían haciendo justo antes de la destrucción violenta del poblado.

Como decimos, han quedado muchas cosas pendientes para resolver en la próxima intervención (para la cual esperamos contar con más medios materiales y humanos) y por ahora, tanto la intervención del año pasado como la de éste (dentro de la misma campaña o permiso de excavación) terminan con el estudio estratigráfico (y su inclusión en el registro SIRA),  el inventario de materiales, las planimetrías y, gracias al láser para dibujo del Grupo de Investigación PROMETEO, con cerca de 100 dibujos de materiales exhumados ya realizados.

En los próximos meses (con la misma subvención aportada por la Diputación de Córdoba)  se tienen que cubrir estos nuevos restos arqueológicos (ampliando la cubierta actual) y finalmente, ya bajo techo, restaurar muros, pavimentos y estructuras que ampliarán y mejorarán la visita a este importantísimo yacimiento arqueológico, singular en Andalucía por muchos motivos.

I. Muñiz Jaén

 

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