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Con la presencia de los voluntarios Alba Fernández y Rubén Ortiz, de nuevo Daniel Moreno y Alicia de la Puente, así como la visita de Alejandro Caballero (del Centro de Estudios de Arqueología Bastetana) proseguimos documentando el llamado Sector Este del yacimiento.

Se ha exhumado el gran muro de adobes de 2 mts. de altura que cierra por el Sur la estancia que definimos (todavía sin plena seguridad) como almacenes (y posible escalera de acceso a la terraza superior). El muro está totalmente vencido (por la combinación del colapso tras el incendio, por la presión del cerro, por posible movimiento sísmico, por la acción de furtivos y por la propia erosión) dejando una estampa de lo más didáctica en cuanto a derrumbes, incendios y desplazamientos de estructuras arqueológicas. Por ello estamos comenzando a consolidar y apuntalar toda esta estancia, que nos permitirá seguir excavando esta zona en próximas actuaciones.

Se ha terminado de documentar en esta estancia el silo-basurero de época emiral que ha alterado profundamente el interior de estos posibles almacenes.
Se ha terminado de delimitar también la estancia que se abre a la calle inferior (en conexión estructural y funcional con la anterior) dejando los muros de adobes Este y Oeste con una potencia de 2 mts. Del mismo modo un nivel de incendio espectacular en varios niveles (planta superior e inferior de la estancia seguramente).
Lo negativo de todo ello son las distensiones musculares en la espalda, con tanta piedra y carretilla que mover, que empiezan a darse entre algunos componentes del equipo.

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Cuatro hembras y un macho cabrío se pasean por el Cerro de la Cruz, Las LLanás y Los Castillejos desde hace años,  como unos vecinos más. Son los dueños de riscos y quebradas.

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Finalizamos la tercera semana de excavaciones despidiendo a Laura Franco y Candela Enríquez, voluntarias de la Universidad de Granada, y habiendo recibido la visita de Andrés Adroher (Catedrático de Arqueología de la Universidad de Granada)  y el apoyo de Daniel Moreno (del Grupo de Investigación PROMETEO, donde el Ecomuseo se integra)  mientras se acercan colegios y se comienzan a colocar las lonas que, provisionalmente, van a proteger este sector de la intemperie.

En estas semanas estamos confirmando una fase tardoantigua-preemiral asociada a estancias y estructuras, así como derrumbes ibéricos y, sobre todo, distintos suelos, tanto de los pisos inferiores como de los superiores (algo verdaderamente excepcional). A falta de mayor detenimiento, vemos tres preparados para realizar los suelos, consistentes en una capa anaranjada  de arcilla apisonada con fragmentos cerámicos, otra sólo de cal y arena con fragmentos cerámicos, y una última también anaranjada de arcilla apisonada. Consideramos que son capas de preparado de suelos y no suelos en sí mismos (por donde se circularía) porque las cerámicas encontradas entre las capas son fragmentos y no piezas completas o semicompletas.

 

La gran estructura de adobes (de 3 mts. de altura) parece que comienza a balbucear su posible significado. En un principio pensamos en una suerte de hórreo o suspensura, también de almacenes, pero a día de hoy vemos dos huecos para situar escaleras (que debieron ser de madera) para salvar la pronunciada pendiente del cerro, pudiendo de esta manera acceder desde la estancia ibérica que se abre a la calle inferior, a los espacios superiores y en contacto con la calle superior. En esos “huecos de escaleras” (a manera de almacenes pero no sensu stricto) hemos encontrado suelos con materiales completos sobre ellos (entre los que destaca una reja de arado bien conservada) así como el suelo del piso  superior, vencido y muy bien conservado, asociado a un estrébede completo de aquellas épocas.

En la estancia ibérica que se abre a la calle superior, donde se situaba el almacén-bodega,  estamos documentando muy bien la fase de destrucción y derrumbe del poblado ibérico, así como los suelos del piso superior, realizado de la misma manera que hemos descrito.

En semanas próximas esperamos delimitar la estancia ibérica que se abre a la calle superior y todo el suelo del almacén-bodega, con sus UEs de uso y abandono caracterizadas por el numeroso material completo. Esperamos también delimitar la gran estructura de adobes ibérica (y confirmar o no este posible uso como escaleras) y la fase tardoantigua-preemiral que se sitúa por encima.

Por último, esperamos delimitar y exhumar toda la estancia ibérica que se abre a la calle inferior, de la cual ya tenemos su imponente muro de adobes de 2 mts. de altura (en la cara Oeste). Esta estancia (vinculada con la estructura de adobes que parecen ser huecos de escaleras, que la delimita por el Norte) se hallaba finalmente muy deteriorada por los efectos de los furtivos que en los años 80 del siglo pasado, que dañaron irremisiblemente esta zona (también documentada parcialmente por las excavaciones de 1987). No obstante, en algunos rincones hemos documentado los suelos originales sobre los cuales hemos recogido materiales completos, como la sartén y la tapadera itálica que ya comentamos en la primera crónica.

https://www.eldiadecordoba.es/provincia/puchero-siglo-vii-yacimiento-cerro-cruz-almedinilla_0_2006030539.html?fbclid=IwY2xjawQU9CxleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBqNVZVTDF5RnNBcDJTem0wc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHqUwLiJnZEAzAVj-PvgNeoA7EiCF2BcH9uckjgqdBR9XfRjWJFTfyv447XbZ_aem_DYPA4g6HjgZPsP-dEfMsKQ#goog_rewarded

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El 13 de febrero el Ecomuseo fue invitado a participar en el ProAction Café IAPH: IA, nuevas generaciones y reconocimiento profesional, que reunió a más de 40 personas del ecosistema andaluz (y con presencia de otros territorios) de patrimonio y cultura —administración pública, universidades, colegios profesionales, asociaciones y redes sectoriales, museos e iniciativas ciudadanas— con el propósito de movilizar inteligencia colectiva en torno a tres retos estratégicos: (1) el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo profesional y la formación; (2) la conexión con nuevas generaciones y perfiles; y (3) el reconocimiento profesional y su legitimidad pública

https://docs.google.com/document/d/1hefIVOKSZE0OppZilsNp0MM4eU3W7UXf6s6fmyVCJTI/edit?tab=t.0

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La semana pasada reanudamos las excavaciones arqueológicas en el Cerro de la Cruz con una subvención de la Diputación de Córdoba de 26.000 e. y un aporte municipal de 11.000 e. que nos permitirá trabajar durante dos meses. Pretendemos resolver con ello los asuntos que quedaron pendientes en la intervención de 2025 aunque, dado que hemos recibido sólo un poco más de la mitad de la subvención solicitada, lo más probable es que no podamos terminar de documentar este sector, que empezó a exhumarse ya en la campaña de 2024. Será necesaria por tanto una cuarta intervención para 2027 que termine de definir  las estancias completas.

En mitad del temporal y de la sucesión de borrascas, con el Cerro escupiendo rocas y cortando carreteras, hemos podido trabajar no obstante bajo la cubierta, ampliada con presupuestos del año pasado. Emilio Ruíz y Antonio Sánchez (como técnico y peón especializado respectivamente), Manuel Abelleira y Manuel Ramírez (como arqueólogos),  Laura Franco (estudiante de Arqueología en la Universidad de Granada) como voluntaria, esta intervención dirigida desde el Museo Histórico por I. Muñiz contempla también una serie de actuaciones de restauración y consolidación de estructuras, así como la eliminación de terreras (que llevará un mes más de trabajos). Toda esta zona (ya cubierta parcialmente) quedará completamente protegida de la intemperie.
Hemos comenzado definiendo y delimitando la gran estructura de adobes que documentamos el año pasado  (con muros de hasta 3 mts. de altura) cuya interpretación aún no está cerrada (almacén, hórreo, suspensura…) muy afectada por movimientos antiguos de tierra, la presión del cerro, las intrusiones emirales (en concreto dos basureros) y la propia erosión.

En la estancia ibérica que se abre a la calle inferior del poblado va aflorando el potente muro de adobes que la delimita por el Oeste, así como el derrumbe ibérico original, donde se recogen ya piezas completas como la tapadera  junto a la patella de origen itálico y con cronología que casa con la de mediados del siglo II a. C. que tiene la destrucción violenta del poblado ibero. En esta estancia se ha documentado el agujero antiguo realizado por un furtivo así como las huellas de las primeras intervenciones arqueológicas de 1987. En los próximos días esperamos llegar al suelo original de la estancia y que los objetos originales estén en su sitio exacto, después de haber quedado ocultos y sellados bajo el incendio y derrumbe que asoló el poblado.

Hemos documentando también una vivienda de una fase posterior a la ibérica, en principio pre-emiral del siglo VII-VIII. Con ello parece quedar más definida una fase tardorromana/pre-emiral que ya hemos vislumbrado en otras zonas del yacimiento, además de la fase emiral propiamente dicha (que al menos tiene dos momentos). En esta vivienda se pudo documentar un hogar para cocinar con  una ollita y huesos que parecen (a falta de estudio en detalle) de gallina. Además se documentaron en esta estancia otras piezas como un posible reposadero (hecho con el fondo de una orza), una jarrita (similar a las halladas en la necrópolis tardorromana de El Ruedo) y una marmita realizada a torneta (o torno lento). Junto a la vivienda (en el espacio exterior a ella) tenemos dos basureros contemporáneos (uno de ellos reutilizado después como majano).

Obviamente, es simplemente un recurso literario decir que estaban cocinando un puchero y que el cocinero era Mûsâ, موسا, quien dejara su nombre en árabe grabado en la arcilla fresa de una orza encontrada hace unos años en el Cerro.

 

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