El agua del arroyo Granada corre aún clara al comienzo de nuestro largo paseo de 12 kilómetros lineales (3 horas hasta el Museo Histórico en el Paraje de Fuenteribera, como anuncia la guía pero no el cartel, que habla de 2). Dificultad media y trazado llano desde Venta Valero. Si se quisiera la ida y la vuelta, a multiplicar por 2 y por el mismo trazado (no es circular) pero tal vez lo más apropiado sea dejar un coche en el Museo Histórico y con otro dirigirse a la aldea de Brácana y de aquí al diseminado de Venta Valero.

Si se aparca en el bar-restaurante El Galope recomiendo comer choto al ajillo con aceite fresco “Venta Valero” y vino tinto “Campoameno” (de la vecina Alcalá La Real). Desde aquí se retroceden 100mts. por la carretera rural , ya andando, hasta el cruce que lleva a la aldea de Lojilla (ya en Granada) y se siguen las señalizaciones (no hay pérdida).

Comenzamos, niños, haciéndonos la pregunta de la canción infantil: “Arroyo claro, fuente serena , quién te lava el pañuelo saber quisiera” y sin desviarnos del camino vamos infantes disfrutando de paisajes diversos y sin igual entre cortijillos felizmente habitados y rehabilitados (alguno para turismo rural), junto a ruinas de otros antaño erguidos (también las ruinas del antiguo colegio de Venta Valero) entre cultivos y montes, el monte mediterráneo en todo su esplendor: encinas, quejigos, acebuches, cornicabras, majuelos, retamas, gayombas, tomillos, jaras, romeros, aulagas…. y algunas sorpresas como las orquídeas y otras flores silvestres. Y abrazado al monte, pequeños y coquetos cultivos de frutales, almendros y olivares tradicionales.

El rumor del arroyo (cuyo trazado divide las provincias de Granada y Córdoba) desaparece al poco tragado por la pequeña nava (un polje en geología) sobre el que se asienta como avenamiento de la misma. En verano deja su repiqueteo, pero esta zona es fresca incluso en mitad de la canícula. Arcillas, calizas y margo-calizas que en algún punto se pliegan y fracturan recordándonos ese olor a mar y ese estruendo de terremotos antiguos.

Las indicaciones son las oficiales y las que van dejando los caminantes como micro-menhires de imposible equilibrio, y sin salirnos de la vereda, nidos, huellas de jabalíes, y mil sonidos naturales. Cuando ya llevamos 1 hora de caminar, vamos dejando a la derecha, en lo alto, un cerro amesetado con ermita y poblamiento de la Edad del Bronce, hasta que, de repente, nos aparece al fondo, como en un teatro, la aldea de Fuente Grande (en Almedinilla) y Las Navas (ya de Priego) con el decorado de la Sierra de Albayate detrás. También a la derecha y junto al camino una coqueta ermita nos anima a dar una donación para la buena ventura de todo andante que, respetuosamente, valore y atienda estos parajes.

Dejamos también la aldea de Fuente Grande a nuestra izquierda y salimos del camino por el cartel que anuncia su nombre: Colada del Veredón de Los Corrales. Desde aquí vamos en dirección al caserío de Las Esperillas, pasando por una alberca (bajo la carretera que va en dirección a Brácana y a la almazara del Salto del Caballo) entre un olivar (unos 50 mts) y hasta llegar al carril asfaltado que atraviesa el puente antiguo (del siglo XIX) desde el cual observamos ya al río Caicena en su balbucear (nace en Fuente Grande). Frente al puente vemos sobre elevarse la carretera nueva dejando la antigua más abajo, justo donde se excavó desde el Museo Histórico una pequeña necrópolis romana asociada a una pequeña villa que antaño también disfrutaría de estos parajes.

Las casas de Las Esperillas (muy bien rehabilitadas) ya están sobre la cascada del Salto del Caballo (que para apreciar su bramido ha de desviarse uno del camino o, mejor, hacer otra ruta de 1 hora, ida y vuelta, desde el propio Museo y con la seguridad de quedarse a los pies de la misma y no perderse). A partir de aquí hay un tramo de 1 kilómetro que corre paralelo a la carretera rural Fuente Grande-Almedinilla hasta alcanzar otro caserío en gran parte recuperado: Las Haberas, donde las vistas del desfiladero que forma el río Caicena se hacen espectaculares.

En Las Haberas, y junto a un “arreate” con habas, continúa el camino hacia abajo, más estrecho, algo perdido y no apropiado para bicicletas, que zigzagueando nos va a dejar en el antiguo camino al Salto del Caballo y a la Fuente del Piojo (donde alberca y mina de agua nos anuncian las huertas que río abajo dan variedad, amplitud y frescor a Almedinilla). El Cerro de la Cruz con su poblado ibérico y sus ecos de rebeldes muladíes y trincheras de frente nos va a acompañar desde el fondo, a nuestra derecha, mientras vamos bajo la formación rocosa de Las LLanás, travertino de semblante acantilado que nos hará disfrutar de nuevo de ese bosque mediterráneo, entrelazado ahora con grandes rocas desprendidas y muros de “piedra seca”. A nuestra derecha, y junto al lecho del río, adivinamos las ruinas del molino de harina y central eléctrica del Salto del Caballo y, río abajo, del molino de Enmedio.

Ya cerca del Museo las ruinas del Molino del Cura, con su chimenea de ladrillo que nos saluda orgullosa y aún en pie, rodeada de cascajo y olvido. Y así llegamos al paraje de Fuenteribera que acoge al Museo Histórico entre “zurreones” y “chilancos” donde refrescarse en el verano a la sombra de sauces, álamos, mimbres y demás vegetación de rivera, y donde ya podremos dar respuesta a la pregunta primera: “me lo ha lavado una serrana a la orilla del río que corre el agua. Una le lava y otra la tiende, una le tira en rosas y otra en claveles”

https://turismodepriego.com/es/images/turismo-de-priego/mas-info/listados/guia-de-senderismo-con-mapas.pdf

Nacho Muñiz

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