Ya se pueden escuchar las ponencias en los vídeos grabados. Presentaciones de casos prácticos y mesas coloquio de las XX Jornadas AIP «Interpretación del patrimonio y espacios de memoria traumática», celebradas el 4 y 5 de marzo de 2021.

Esta es la de Almedinilla: «El Ecomuseo del río Caicena (Almedinilla-Córdoba) y los trabajos sobre la llamada Memoria Histórica: de la teoría a la práctica, asepsia o compromiso»: https://www.youtube.com/watch?v=wLFYB3Ua2bw

Y el debate posterior: https://www.youtube.com/watch?v=4_AJbiTKc3A

Sesión I. Día 4, mañana. Turismo oscuro: cajón de sastre de tipologías 1. AIP JORNADAS 2021

– Sesión I. Ponencia 1: https://www.youtube.com/watch?v=W_9Gcdop2T0 2. AIP JORNADAS 2021
– Sesión I. Espacio Aipero 1:
https://www.youtube.com/watch?v=UpzLVi2zWHc 3. AIP JORNADAS 2021
– Sesión I. Mesa Coloquio 1:
https://www.youtube.com/watch?v=RZzqq528VEM
-Sesión II. Día 4, tarde. Turismo oscuro: públicos, motivaciones y dilemas 4. AIP JORNADAS 2021
– Sesión II. Ponencia 2:
https://www.youtube.com/watch?v=eIXpDfLXJEs 5. AIP JORNADAS 2021
– Sesión II. Espacio Aipero 2:
https://www.youtube.com/watch?v=eIXpDfLXJEs 6. AIP Jornadas 2021
– Sesión II. Mesa Coloquio 2:
https://www.youtube.com/watch?v=OoK–avJnus Sesión III.

Día 5, mañana. Enfriar o calentar la Interpretación del Patrimonio 7. AIP JORNADAS 2021

– Sesión III. Ponencia 3: https://www.youtube.com/watch?v=C4DYHCcib7I 8. AIP JORNADAS 2021.

Sesión III. Espacio Aipero 3: https://www.youtube.com/watch?v=d-8FSdJIY7M 9. AIP JORNADAS 2021

– Sesión III. Mesa Coloquio 3: https://www.youtube.com/watch?v=oWu08p1U5UA Sesión IV. Día 5, tarde. La interpretación del patrimonio traumática fuera y dentro del museo 10. AIP JORNADAS 2021
– Sesión IV. Ponencia 4:
https://www.youtube.com/watch?v=wLFYB3Ua2bw 11. AIP JORNADAS 2021
– Sesión IV. Espacio Aipero 4:
https://www.youtube.com/watch?v=32aUqkwQYYk 12. AIP JORNADAS 2021
– Sesión IV. Mesa Coloquio 4:
https://www.youtube.com/watch?v=4_AJbiTKc3A 13. AIP JORNADAS 2021
– Sesión IV. Presentación de murales y cierre:
https://www.youtube.com/watch?v=1yNp5uC9v6:

También podéis descargar los murales colaborativos en PDF en estos enlaces

-Mural «Espacios de memoria traumática»:https://mcusercontent.com/9f68d263a84690c3a1d1f9aa1/files/e517724a-a81b-42c6-82a7-7052cd16bfe7/Mural_ESPACIOS_MEMORIA.pdf
-Mural «Emociones y sentimientos»:
https://mcusercontent.com/9f68d263a84690c3a1d1f9aa1/files/f9f03d25-d1d0-4381-8889-ec7bc527429d/Mural_EMOCIONES_SENTIMIENTOS.pdf
-Mural «Cultura crítica»:
https://mcusercontent.com/9f68d263a84690c3a1d1f9aa1/files/6809f8ce-9eda-4199-a52d-b10c9ad37569/
-Mural_CULTURA_CRITICA.pdf
Mural «COVID»: https://mcusercontent.com/9f68d263a84690c3a1d1f9aa1/files/2adbc6a9-03dc-4442-9646-770747be6238/
-Mural_COVID.pdf

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I Edición de Webinarios organizada por la Red Villas Romanas de Hispania. El primero tendrá lugar en el mes de mayo y el segundo en el mes de octubre.

Información en PDF: WEBINARIOS INTERPRETACIÓN PARA DIFUSIÓN PÁGINA WEB

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Ayer, lunes 12 de abril, estuvieron en el Ecomuseo la Profesora Titular del Área de Prehistoria de la Universidad de Jaén: Oliva Rodríguez, Eva Montes (contratada a cargo de Proyecto de Investigación en el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica) y Paloma Muriel (especialista en antracología, estudio de maderas antiguas) para recoger muestras de huesos de aceituna encontrados en el poblado ibérico del Cerro de la Cruz (Sala de las Ánforas) y restos de las mismas características encontrados en el Horno V de la villa romana de El Ruedo , dentro del estudio que llevan a cabo en el contexto del proyecto de investigación: ARQUEOGEN-OLEA. En este proyecto de investigación se persigue caracterizar a qué variedad de olivo corresponden los huesos de aceituna y cuáles son sus características genéticas.

Eva Montes (especialista en carpología, o estudio de semillas antiguas) ya realizó un trabajo sobre las semillas encontradas en la Sala de las Ánforas del poblado ibérico del Cerro de la Cruz (aún sin publicar, aunque se hará de una manera u otra en el 2021) almacén donde documentamos 44 ánforas ibéricas llenas de grano, que la investigadora identificó en su mayoría como cebada (también pepitas de uvas, yero, guisantes, habas, trigo…y huesos de aceituna).

Las investigadoras  se llevaron también muestras de los huesos de aceituna encontrados en las cámaras de combustión de los hornos cerámicos de la villa romana de El Ruedo, que en forma de orujo (restos de piel y huesos una vez extraído del fruto el aceite y el agua) sirvieron de combustible.

En principio, el olivo domesticado parece que ya se cultiva en época ibérica con cierta presencia, una vez es introducido el mismo por las colonias fenicias y griegas. Con anterioridad se aprovecharía el fruto del olivo salvaje, o acebuche, con restos que han aparecido en contextos neolíticos.

Pero es en época romana cuando su cultivo se expande como nunca antes había sucedido (aunque no como monocultivo, algo que es muy reciente en la historia). El aceite de oliva en época romana se convierte en producto primordial para la alimentación, para las conservas de alimentos, para la iluminación, para la elaboración de ungüentos y medicinas…incluso como combustible y abono (orujo). Y el aceite de oliva de la Bética inundó el imperio, llegando a Roma como producto esencial en el reparto de alimentos básicos a la población desfavorecida, a través de la Annona Frumentaria, creando basureros inmensos de ánforas olearias procedentes de la Bética (una vez el contenido se distribuía) que han quedado hechos montes artificiales como el Monte Testaccio (en lo que fuera la zona portuaria de la antigua Roma).

La importancia del aceite de oliva fue tal que el propio emperador Augusto fue el Prefecto de la Annona Frumentaria, y la importancia del aceite bético hizo que los comerciantes hispanos (negotiatores transmarini) tuvieran un sitio privilegiado en el Coliseo. La subida al imperio de emperadores como Trajano, Adriano, Marco Aurelio también se explica en parte por ello.

Minerva (o Atenea), diosa de la sabiduría, tenía al olivo y al buho como símbolo. El filósofo alemán Hegel en 1920 quiso señalar, con la frase que encabeza la noticia, que sólo se llega a entender un momento histórico una vez que este ha concluido. Deseamos desde aquí, por tanto, que la investigación que emprende Oliva y Eva tenga fortuna y éxito en sus conclusiones finales

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Bajo el tema: «Búsqueda de una estrategia colaborativa para la salida post pandémica» el Ecomuseo y la empresa pública «Somnus» participarán en la Mesa 1 del día 15 de abril.

Objetivos: Jornadas-alcala

Programa: programa 1FCMCA

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El Ecomuseo participa en el equipo evaluador e impartiendo una conferencia el 20 de abril a las 17h.  bajo el tema: buenas prácticas en la activación del patrimonio desde lo local.

Esta serie de encuentros pretende dar viabilidad a los agentes del patrimonio cultural y crear redes de conexión, para ellos e cuenta con proyectos invitados y seleccionados desde una convocatoria abierta. En esta ocasión el formato on line nos ayudará a compartir desde distintos formatos, como el audiovisual. Las sesiones se han estructurado en cuatro grandes temas: educar desde el patrimonio; investigación comunitaria; mapa de personas y patrimonios; creación y patrimonio.
Descarga aquí el programa: definitivo-programa

Inscripción: https://www.juntadeandalucia.es/organismos/culturaypatrimoniohistorico/iaph/areas/formacion-difusion/reactivate.html

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Las Sileras es la aldea de Almedinilla que se conforma como núcleo de población concentrado a partir de calles, callejones y plazuelas (las otras aldeas tienen más de diseminado), una alquería blanca que mantiene relativamente bien la arquitectura popular a los pies de la Sierra de Vizcántar, por su lado Oeste y a un tiro de piedra de la vecina Jaén.
 
El callejero se asienta sobre tierras albarizas o “tosca” cuya formación como sedimento marino (microplancton del Mar de Tetis) parece ser un recuerdo soñado de la Virgen marinera del Carmen que veneran los vecinos en una iglesia que fue construida por ellos mismos y en zona comunal o ejido allá por 1789: Juan Díez y Juan León fueron los artífices después de pedir permiso al abad de Alcalá la Real y al Consejo Justicias y Regimiento de Priego, quien nombró al regidor de Obras Públicas Antonio de Gámiz Aguilera y al maestro albañil José Álvarez (así nos lo cuenta Rafael Fernández López) . Otros sueños que saben a pan deben tener los olivos infinitos, que terminaron por ocupar el lecho de cereales y siembras que cubrían hasta no hace mucho buena parte de las tierras silereñas.
 
La “tosca”, como roca blanda que es, crea agujeros o silos naturales que se dirían puertas al Hades y a sus leyendas, aunque también horadando con alcotana y espuerta se realizaron minas para extraer el agua subterránea, como la mina del campo de fútbol y la de la iglesia.
 
En Las Sileras todo es liminal, fronterizo, dual, entre el bien y el mal, un lugar dionisiaco que parece no conocer coordenadas temporales y al que hay que llegar (no se pasa). Tiene algo de escenario de película del Oeste con las mixturas moriscas que le dan esos huertos regados por las aguas que se vertían desde los lavaderos (y su aljibe), hoy en pie y engalanado pero ya sin agua, huertos cercados con muros de “piedra seca” (que van siendo sustituidos por el ladrillo y el cemento) por donde les gusta crecer a las adormideras y a los beleños, esas plantas dadas a brujerías y magias entre lo real y el asombro.
 
Mis primeros recuerdos de Las Sileras me dejan en su coqueta plaza una noche de septiembre, bajo un enorme plástico que la cubría y que sosteníamos con los brazos alzados una turba de impenitentes al ritmo del laúd de Francisco González “Almendrero”. Eran sus fiestas mayores en honor a la Virgen del Carmen, pero llovía a cántaros e, irreductibles, viejos y niños, adolescentes y adultos, bailamos bajo el plástico como ménades hasta el amanecer. El laúd como un aulós y el estandarte como tirso de un cortejo báquico sin igual. En las Sileras es frecuente ver entre el vecindario una suerte de sátiros hechos cabras, yeguas, ocas, gallos y gallinas…que su patrón San Antón acoge y protege.
 
Después vinieron las historias de “piratas”, ”tratantes”, “cábilas”, “indios comanches” con las que se referían a los silereños los de “L ´arminilla”. Siempre rivalizaron entre sí y siempre los silereños se consideraron como un pueblo aparte.
 
Y sus razones tenían y tienen porque debe ser núcleo de población más antiguo que el de Almedinilla (posiblemente ya presente en el siglo XV) con iglesia propia y un sereno y bello cementerio. Llegó a tener cuartel, colegio, dos almazaras, tahona y tres bares (hoy queda el bar de Manolo, un campo de fútbol y pistas deportivas, un Centro Social y el colegio que resiste a duras penas) además de ser centro de encuentro para una población que antaño se derramaba en cortijos y cortijadas por Vizcántar, Las Chozas y el Salaíllo.
 
Y entre las historias de western, ese Goje (Jorge para el foráneo) que con el trinchete en una mano y el embutido en la otra irrumpió en la iglesia empujando las puertas como si fueran las abatibles de un Saloom de Nuevo México, y como cuatrero gritó a Maturre:: “Me cago en Dios, si no quieres ir a misa haz como yo y no vayas, pero no montes estos espectáculos”.
 
Para esa película de vaqueros e indios no le falta a Las Sileras su mina de oro. En lo alto de la sierra hicieron sus prospecciones en los años 60 del siglo XX buscando pirita aurífera….pero no era lo suficientemente rentable. Poco rentable les debió parecer también a los silereños romanos (recientemente encontrados en el lugar de “Los Pósteles”) que debieron explotar sin embargo el hierro de esta mina (de hecho la galería que se conserva pudiera ser de esa época). Un corte certero en la sierra junto al pozo de unos 4 mts. de profundidad y el escorial (lleno de mineral de hierro con óxidos y alguna pirita aurífera) es lo que te encuentras al subir. Eso y unas vistas de asombro que por el Este alcanza las Sierras Sur de Jaén y la granaína de Parapanda en Montefrío, mientras por el Oeste son las Sierras Subbéticas de Córdoba, con La Tiñosa como pico más alto, las que decoran y perfilan el horizonte.
 
Subimos muy bien a la Sierra desde el carril asfaltado que parte de la zona alta del pueblo, junto a la plaza y a la izquierda, dejando los restos “trepaos” de la antigua almazara y pasando por los Pósteles (donde esperemos que pronto se puedan descubrir los restos de esa casa romana anclada al cerro de yeso y junto al barranco Tenazas) entre olivares tradicionales de excelente caldo, algunos bicentenarios, y almendros. Poco a poco las perspectivas se van ampliando y subiendo siempre y a la derecha (el camino no tiene trocha) comenzamos a llegar a lo más alto del macizo calizo y a llanear.
En este ascenso al cielo nos saluda un campo de gamones en flor, esos asfódelos o Varillas de San José que se “esfarrían” por doquier y parecen cubrirlo todo. Para los griegos y romanos antiguos el asphodelus albus (así se llama el gamón en latín) era símbolo de Perséfone, la diosa del Hades o los infiernos, una zona intermedia parecida al limbo. Pero ni los silereños están en el limbo ni el infierno o Hades fue algo negativo para los antiguos, era en definitiva el lugar donde terminaban las almas, un mundo subterráneo que aquí tenemos cerca de las nubes, con Las Sileras como portal.
 
Atravesamos la cúspide de punta a punta y vamos viendo a izquierda y derecha las cicatrices dejadas por cientos de metros de trincheras. Durante la Guerra Civil Las Sileras también estuvo en el límite y aquí se asentaron tropas republicanas durante toda la contienda. Pasando la torre de comunicación y dejando la mina a la derecha y un poco por debajo, llegamos al punto geodésico y ya, casi en la otra punta, los restos mejor conservados de esas trincheras republicanas que soñaron con la marsellesa (enfrente, hacia el Sur, la posición franquista del Cerro de la Cruz y Los Castillejos nos señalan ese Frente tan cercano). Hoy entre esas trincheras crecen los gamones junto a varias especies de orquídeas, retamas, tomillos y madreselvas, como recuerdo de ese sueño tricolor.
 
Desde aquí seguimos por la cúspide bajando hacia la torre eléctrica, ya sin vereda pero sin pérdida, y desde aquí debemos bajar por la derecha hasta alcanzar el carril que nos devolverá a la aldea , sin vereda, hasta que pronto, esperemos, se pueda acondicionar este tramo más complicado y difuso como ruta senderista.
 
Y así vamos, por la frontera, por esa sutil línea que separa lo Natural de lo Civilizado. Si tenemos suerte, por el camino podremos ver sobrevolar alguna rapaz y tal vez alguna cabra montesa, además de muchas huellas de jabalíes y zorros, mientras llegamos a la aldea de las distintas civilizaciones, pasando por debajo de la moderna vivienda de Fernando “el de la sierra” y alcanzando esa otra morisca de recuerdos romanos que hoy, globalizada, acoge a gentes de los cuatro puntos cardinales.

Nacho Muñiz

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