Archivo de 1 febrero 2018

Eso dice este refrán que aún los mayores de la Subbética Cordobesa (y en otros lugares de Andalucía, como Algarinejo) pronuncian al calor de las candelas el 2 de Febrero. No es gallego (como tampoco lo son los topónimos de algunos lugares andaluces: Pampaneira, Capileira, Aldeire, Poqueira, Ferreira, Alpandeire, Castell de Ferro, Castril, Deifontes…) sino idioma mozárabe o romance andalusí. Sí, aquel que mayoritariamente (como opinan muchos) hablaban cristianos, judíos y musulmanes en el Al Andalus medieval.

Era el idioma que denominaban en aquel entonces “latino” (y de ahí el “ladino” de los judíos sefardíes) haciendo que existiera de hecho un perfecto bilingüismo en la sociedad de Al-Andalus (incluso trilingüismo con los judíos, o multilingüismo con el bereber de las tribus norteafricanas). Este multilingüismo era lo normal incluso entre los cristianos más fanatizados (como el caso de uno de los mártires de Córdoba: Perfecto, que hablaba en árabe con sus acusadores) aunque también se conocen casos entre la alta sociedad andalusí de religión musulmana que no sabían hablar el árabe y sólo se expresaban en lengua andalusí, como se desprende de una anécdota del libro de Aljoxaní: “Historia de los jueces de Córdoba”.

Un idioma romance (evolucionado del latín) muy influenciado por el árabe (las más de las veces se escribía con alfabeto aljamiado: árabe) que se habló desde el siglo VIII al XVII (también evolucionando y adoptando particularidades propias en cada territorio) con una mezcla del 40% de términos árabe-bereberes y 60% de vocablos romances.

Un idioma poco estudiado que, al margen de dejarnos las Jarchas y las Moaxajas, debió influenciar poderosamente (y mucho más de lo que nos han contado) en otras lenguas romances que por aquel entonces estaban en formación: el galaico-portugués, el astur-leonés, el castellano, el aragonés, el catalán…Sólo hay que imaginarse el esplendor cultural, urbano y económico (también demográfico) de Al Andalus para entrever la gran influencia que debió tener esta lengua (llevada por colonos, comerciantes y monjes cristianos al Norte de la Península, pero también por alarifes y artesanos musulmanes a partir del siglo X) en esos otros idiomas en formación y de ambientes más rurales y aislados.

Dicen los especialistas que no existen textos en latín con palabras aljamiadas, pero sin embargo reconocen que en multitud de textos latinos de los monasterios del norte peninsular se ven anotaciones en árabe y algunas palabras claramente aljamidas , escritos por notarios o clérigos mozárabes provenientes principalmente de Al Andalus. Un viaje de ida y vuelta (como todos) en donde el mozárabe debió evolucionar en contacto con esos otros idiomas en formación y a su vez diluirse en ellos con su desarrollo y con el avance de la conquista cristiana desde el Norte al Sur.

Sin embargo ciertas visiones históricas tienden a explicarnos cada periodo histórico como “compartimentos estancos” donde a una cultura le sucede otra de manera excluyente, tendiendo a dar visiones uniformadoras y homogéneas, olvidando la gran multiculturalidad que suele tener toda sociedad. Eso fue lo que ocurrió en Al Andalus e incluso lo que ocurre hoy en día (pensemos en Marruecos donde se habla de manera cotidiana árabe, francés y los distintos dialectos bereberes; En Siria con el árabe, kurdo, armenio, neoarameo, iraní…; En los propios EEUU, o incluso en la actual España).

Y por lógica es de suponer que ese mozárabe (ya evolucionado con los siglos) estaría más vivo en el territorio de la actual Andalucía (que fue la última tierra en conquistarse), y por lo tanto el castellano llegado al Sur debió impregnarse aún más de él de lo que ya lo habría hecho en el Norte tiempo atrás y durante el transcurrir de las décadas. Es por ello que tal vez el mozárabe quedó más presente en el habla andaluza, que es la forma peculiar de expresar el castellano (aunque falta un estudio profundo, pendiente de realizarse).

Pocos son los libros que analizan el mozárabe desde este punto de vista, uno de ellos (ya lo hemos anunciado por aquí otras veces) es el publicado en la Editorial Almuzara: “Mozárabes en el origen de los reinos cristianos. La emigración mozárabe al reino astur-leonés y la influencia de los cristianos de al-Andalus en la génesis de Castilla y del castellano” de Francisco de Borja García Duarte http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3612; Así como el de Tomás Gutier: “En defensa de la lengua andaluza” de la misma editorial http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=264&edi=1

El estudio del origen, mestizaje y pervivencias del mozárabe, como otras cuestiones, han sido obviadas muchas veces en aras de un discurso nacional-católico (y castellano dominante) que persiste hoy de manera consciente y/o inconsciente. De esta manera se sigue hablando de “reconquista” cristiana cuando el territorio a reconquistar no puede ser de uno después de pasados 6 ó 9 siglos (igual que no se puede “recuperar Al Andalus” para el Islam después de 4 siglos de dejar de ser tierra musulmana), o cuando otras formas del habla castellana peninsular se denominan “lenguas” y sin embargo al andaluz se le califica (con mucha ignorancia) como un “castellano mal hablado”, cuando es el que más influencia ha dejado en otras hablas castellanas extendidas por América.

De hecho se podría afirmar que el habla andaluza es la que más ha hecho evolucionar al castellano, y la que está más viva con su vocabulario, morfología, semántica y sintaxis propia, expresada en una entonación más variada y más ágil, en un ritmo más rápido, en una fuerza espiratoria menor y en una articulación mas relajada.

¡Pensemos en ello mientras contemplamos las candelas este año!

Comments No Hay Comentarios »